Furia al volante.



Recientemente tuve un encontronazo algo maluco con una fémina con quien estaba manteniendo unos amoríos algo tórridos, pero comentar el porqué de lo bochornosos no viene al caso; lo que sí puede venir al caso es que por causa de esa desenfrenada y loca pasión veraniega, volví a vivir y a recordar escenas que habían estado apartadas de mi vida desde hace mucho; esas situaciones en las cuales un ser descomunalmente furioso se apodera de mi y me lleva a comportamientos difíciles de controlar.


Como diría el popular David Banner, antes de que sus ojos se pusieran estáticos y verdes, para luego convertirse en el célebre “Hombre Increíble”: - No soy yo cuando me enfado. (Tal vez eso fue lo que me dejó Hulk luego de que apareciera delante de mí todas las noches en esas épocas de la inocencia –Ver http://bit.ly/1Mxa3pF-).
Bueno, prosigo… Algunos momentos de mi vida han sido terribles porque la furia hace de mi su residencia y el entendimiento me abandona; o más bien, otra mentalidad animal tiene la potestad de mis actos, esos que recuerdo con amargura por lo que desencadenaron (alegatos interminables, llantos, rencores, desconfianzas, tristezas, rompimientos de relaciones y pues mejor no sigo…). Pero igual, es como todas las situaciones de la vida, dejan alguna enseñanza, o en su defecto alguna anécdota. Y gracias al encontronazo aquel que inicié a comentar, pero que no voy a reseñar, recordé una de esas circunstancias que la cólera me llevó a enfrentar.

Una noche de hace años, no se cuantos la verdad tal vez 4 o 5, pero que en realidad no interesa; mi hermana mayor estaba cumpliendo años. 

Mi mamá había organizado una pequeña reunioncita en la casa, con todos los artículos de referencia para una fiesta casera: papas Calima como un berraco (“Picada” y “Parrillada” para mayores señas), salsa rosada preparada en casa (la que venden hecha es una porquería, según los comensales experimentados en esta disciplina culinaria de los aderezos) con salsa de tomate y mayonesa “La Constancia”, Cocacolita por litros, maní salado con limón, crispetas, torta de milky way de esas de “Los Tejaditos”; mejor dicho, el agua ´e lulo estaba preparado con todas las de rigor.

Mi mamá se esmeraba en este tipo de eventos, y esa noche estaba especialmente contenta para recibir invitados pues había una motivación extra para ella en la casa: estaba estrenando sala.

La fiesta estaba llenándose poco a poco de invitados, en aquella lejana época yo tenía una noviecita (y digo noviecita porque de verdad era muy pequeña… bueno, es aún) y era una digna representante del género femenino, pues se demoraba mucho más de lo normal en el acicale y se complicaba demasiado con algunas cosas… Y estos gestos tan de ellas cuando uno está normal, en su buen humor y mejor expresión, no son graves; uno las ve hasta lindas, las entiende, las acolita, las celebra, les saca chistes… Pero la cosa es a otro precio cuando uno está de afán, llevado de los diablos, o bueno pa´que tanto rodeo ¡cuando uno está puto!
Yo estaba algo incómodo por su demora, el foforro doméstico ya había empezado y los invitados de honor ya habían hecho presencia… Y mi noviecita nada, llevaba más de una hora de retraso, y esos festejos de casa son chéveres, pero cada uno siempre anda con lo suyo y uno boquinche, pues no es.


Habíamos quedado en que ella llegaba de una clase, se cambiaba, hacía todo ese proceso x-treme make over y llegaba a mi casa. Hasta ahí sencillo, pero al ver que no aparecía volvimos a hablar y le dije qué entonces hasta cuando la esperaba, qué como así que no había salido de su casa, que esto y que aquello, (todo esto, ya un poco menos cordial). En últimas quedamos, como le había dicho yo desde el principio -pero como a ella todo le daba pena-, en que yo la recogía en 10 minutos; lo que me demoraba en carro de mi casa a la de ella (de pronto menos acelerado por mi estado de exaltación).


Llegué al apartamento de la niña, y pues si señor, me tocó esperar algunos minutos más abajo, sentado en el carro con mi desespero a flor de piel porque la dama aún le faltaban uno que otro detallito. Cuando por fin se dio el milagro de que bajara y se montara al carro, ya este servidor no era la misma persona que la mayoría recuerda; mis pupilas estaban estáticas y verdes…
No nos saludamos, pues igual la pequeña también se mandaba su genio, y como mi azarada para que estuviera lista había sido extensa, pues ella también estaba seriesonga. Sólo se sentó, cerró la puerta y yo refunfuñaba cualquier cosa y gesticulaba que “mucha demora”, en el instante antes de poner acelerador a fondo y la música a todo taco para que no hubiera conversación de ahí hasta la casa.

Si señores, Montoya era un güevón al lado mío esa noche. Yo iba enmierdado, ya David Banner no estaba en escena. Metía ese carro por todos lados, no frenaba, atravesaba los buses, pegaba el carro a los otros, me pasaba semáforos “innecesarios” según mi entender. Y por ahí me pegué más de un susto, pues iba en el carro del viejo Jaime Ademir, pero bueno yo manejaba el vehículo pero a mi me operaba la rabia ya. En la avenida sexta atravesé el carro por un carril donde no parecía caber, pero igual seguí, hasta que llegamos, amargados, a la fiesta de mi hermana.
Ya en la celebración la pequeña se sentó por ahí, a hablar de cualquier cosa, mientras se nos bajaba la neura un toquecito. Yo salí al jardín de la casa, y ahí estaba parqueado el carro. Cuando me acerco un poco me quedo mirando el costado derecho del mismo, para encontrarme con que ¡tenía un hundido bárbaro y un rayón no menor! Ahí me pasmé, adiós furia, adiós embale, adiós adiós… ¡Imagínense el paro de mi corazón al ver el carrito de Ademir hundido y rayado! Inmediatamente recorrí la distancia de nuevo mentalmente para tratar de vislumbrar en qué momento pudo haber sido que golpeé algo y no me di cuenta, pero ahí mismo me respondí: claro, en la sexta, cuando atravesé el carro por donde no cabía, cuando le puse todo el volumen al radio y no escuché el traquetazo… ¡Dios mío qué palidez se había apoderado de mi rostro!


En esas sale la chiquitina de la casa y me ve con esa cara de compungido, de amargado, de soldado hecho trizas; ya que arrebato ni que nada, la miré como a una tabla de salvación y le mostré el rayonazo y la terrible abolladura de la puerta de atrás. Ella se pasmó también, no sin antes lanzarme par comerciales que eso era culpa mía por loco, por bravo, por esto y por lo de más allá. A mi a esas alturas cualquier vainazo de ella me parecía un cariño, comparado con lo que se avecinaba: explicarle a Jamito porqué su carro tenía estas nuevas imperfecciones y que en mi defensa no podría esgrimir mayores argumentos, por chambón, por acelerado, mejor dicho, iba a quedar peatón para siempre, desde cualquier ángulo.

Nunca me había estrellado con nada, ni con las paredes, ni con postes de parqueadero (típicas inauguradas del buñuelo), pero bueno, en la sabiduría popular del estrellado oculto se habla en voz baja sobre el betún para los bómperes, del varsol para los rayones de pintura, el martilleo para sacar los hundimientos; me iba tocar echar mano de ese empirismo que le debemos a los accidentes de tránsito de menor rango.
Entré a la casa mientras la pequeña se quedó en el jardín montándole guardia al carro, para que los que salieran a charlar por ahí no se fijaran mucho en él, ni en su nuevo accesorio; mientras yo me procuraba en la casa los utensilios para la diligencia restauradora. Yo buscaba en los rincones de la casa, donde creía que podía encontrar varsol ó thiner, trapos, betún, todos estos artículos del disimulo; aunque en mi cabeza sabía que ese hundido no lo sacaba ni con un martillito, ni a bala, y volvía a preguntarme con qué diablos le había dado a ese caracho carro, a qué horas… ¡Bendito Dios!

Tenía pues todo preparado menos el varsol, entonces se me ocurrió preguntarle a mi mamá, porque me imaginaba que como estaba en la francachela me iba a decir a vuelo de pájaro sin detenerse a preguntar para qué lo necesitaba; pero no, a la señora le dio por buena hacerme un interrogatorio que para qué, que porqué a esa hora, que qué había pasado, y yo con esa cara de culpable medio balbuceaba respuestas con monosílabos incomprensibles; pero al final me dijo, aunque sembré sospechas.


Salí como un tiro al garaje para hacerme imperceptible a los convidados ya que iba lleno de trastos, le dije a la pequeña que ahora despistara adentro para yo poder funcionar tranquilo afuera quitando los rayones. Y si señores, el varsol es sagrado producto para estos menesteres; el rayón que era de al menos 30 cms de largo, por 10 de ancho, fue desapareciendo por arte químico, cada vez que yo le pasaba el trapito embadurnado. Eso quedó hermoso, yo hasta me alcancé a sentir orgulloso de mi trabajo; pero bueno, faltaba el hundido, al que no podía darle martillo en medio de una fiesta, a esas horas de la noche.


Era viernes y yo los sábados trabajaba en un almacén de ropa, ya me iba a tocar esperar hasta el otro día, a ver si con la luz del sol el hundido se notaba más.
La fiesta llegó a su fin y cada uno para su casa, mi noviecita para la suya también; pero se había solidarizado con mi pánico, ella también estaba un poco asustada: antes de irse me miraba como miraría una esposa al marido que lo llevan al patíbulo. Entonces quedamos de hablar en la mañana cuando ya estuviera yo trabajando, a ver si había salido vivo de esa, o que le contara cuantas lesiones tenía, al menos.

En la mañana del sábado, mi madre me levantó para ir a trabajar y yo desde que abrí los ojos sólo pensaba en el hundido bajo la inclemente luz del día, me imaginaba cómo se veía, si ya mis papás habían salido y cuando bajara yo a desayunar ya estaría dictada mi sentencia… Bueno, bajar por ese pan con Chocolisto fue como bajar al cadalso.
Pero nada, mi papá sentado en un sillón leyendo prensa, me saludó muy normal y el desayuno estaba más grandecito que lo normal, con pedazo de torta trasnochada y que tales.
Entonces se llegó a la hora de la verdad… Mi mamá iba a salir en el carro a hacer una vuelta, me preguntó que si me llevaba a trabajar… Y yo, pa no delatarme más, le dije de una que listo. Y si, nos montamos al carrito, pero ella iba por el lado del piloto y el taponazo había sido al otro lado. Entonces pues al menos, delante de mí, no lo iba a ver, y si iba a haber sentencia, tendría que ser después de mi jornada laboral.


Minutos de silencio se vivieron al interior del averiado vehículo, pues yo no encontraba tema con mi mamá, con esa culpa en la cara, con ese enigma en mis recuerdos (¿qué pudo haber pasado?, ¿con qué le di?)… Hasta que mi madre, bella ella, rompió el incómodo hielo entre los dos y me dice: -Ve, que tan raro hijo. Y yo le dije: - ¿raro qué? – Dubitativo, delatado.

Y ella me suelta esta perla: - Esta mañana que salí a echarle agua a este carro, me fijé bien y mirá, despareció el rayón que tu papá le hizo al carro cuando lo estrelló con un colectivo. ¡Y yo no pude con la sorpresa! Con cara de alivio, también desconsolado por el esfuerzo inútil que había tenido que hacer, pero con una risa pendeja por lo increíble, le tuve que decir: - No mamá, pues eso no “desapareció”, eso lo quité yo anoche con el varsol que le pedí, pues yo pensé que había sido culpa mía, no tenía ni idea de cómo había sido, pero creí que era una chambonada mía.

Y ahí ya no hubo tiempo si no para risas, como dice el dicho, después del susto que venga el gusto… Pero eso no era todo, cuando le contaba la proeza a mi mamá del varsol, del betún, de todo eso, le reclamé por tanta preguntadera; que yo bien azarado y ella poniéndome trabas para encontrar ese líquido inmaculado. Y me suelta la perla final: - Es que cuando usted empezó a preguntar por ese quitamanchas, yo si me asusté porque pensé que su novia tenía “el período” y me había manchado el sillón de la sala nueva.
¡Qué tal!, ¿ah?

Julián González-Lema

Comments

Anonymous said…
Juliancito, no tan largos los post o partamelos en dos, vale?
Me toca que esperar pues hasta el fin de semana para leermelo todo.
Anonymous said…
jajajaajajajaaja, que buena anécdota, así son las mamás, que destrozen el carro, pero pilas con el sofá!
Anonymous said…
La perla final me parece un poco inverosímil pero madre no hay sino una y esa (la suya) con todo respeto le tocó a Ud..
Unknown said…
Keridos co-terapistas... Les digo pues que mi padre era de los ke se acomodan a la frase ke dice: "Te presto más fácil mi mujer que el carro, por ke a ella al menos sé por donde le van a dar!".
Y mi madre, cuidadosa ella de sus enseres domésticos, poco puede interesarle un rayón en el carro, pero vaya hágale algo a los cojines, o a las carpeticas de los muebles, o muévale una porcelana... Es vuela con motores apagados... Esa me tocó a mi...
Anonymous said…
Saludes a su mamá...
Anonymous said…
NO ME ROBES LA AUTORIA DEL DICHO DE "QUE A MI MUJER YA SE, POR DONDE LE VAN A DAR", AL MENOS DAME CREDITO EN ESO...
Unknown said…
Keridos co-terapistas, he sido infaustamente denunciado en los comentarios de este post como un ladrón, si pueden ver lo que ha dejado escrito "anónimo". Y pues realmente tiene razón, toda la razón. Tengo entendido que todos los dichos, frases populares, refranes, son oraciones que se hacen eternas gracias a la repetición... Pero si, como dice el "autor" que me tilda de "ladrón de frases": debo entonces reconocer que la frase es tuya mi kerido "anónimo". Y kién sabe desde ké ancestrales épocas...
Anonymous said…
SOLO PEDIA CREDITO AL MENOS EN ESO, Y PODRIAMOS CAMBIAR LA PALABRA ROBO, POR PLAGIO, COMO BUENOS COMUNICADORES QUE SOMOS, ERA SENCILLO, DECIR "LE ESCUCHE ESTE DICHO A LA FEMINA DEL COMIENZO DE ESTA HISTORIA", O ALGO ASI Y PA' QUE SALGAS DE DUDAS EL DICHITO LO SE DESDE HACE UNOS 13 ANOS...ALGO ANCESTRAL.
Unknown said…
Keridos co-terapistas: Ha cambiado el término de "anónimo", ya no es ladrón, es plagiario... Pero pues, vuelvo y repito, según lo que yo he conocido en el mundo de las letras: es inválido (por donde se le mire) reclamar el crédito de algo que es imposible comprobar quién ha sido el creador. Y digo de nuevo, esos dichos se hacen eternos pero nadie sabe a ciencia cierta quién ha sido el primero en decirlo. O sea, su creador, como ya había reconocido es anónimo. Claro que si. Pero bueno, creo que lo que dije es que mi padre "es de los que dice" porque eso lo repite mucha gente... Además lo han dicho y lo dirán otra cantidad de personas, pero no le deben el crédito a nadie. Es el argot popular que llaman, de domino público, que le dicen. Tal vez si, lo que pasa es que en ciertas regiones, digo el Valle como ejemplo, hay dichos que son muy populares... Hay gente ke lo usa desde hace unos 30 años, tal vez...
Anonymous said…
AHI ESTAS PINTADO AHOGANDOTE EN UN VASO DE AGUA, EN NINGUN MOMENTO DIJE QUE EL DICHITO ERA MIO, O QUE YO LO HABIA CREADO Y POR TANTO SE ME DEBE DE ESE MODO, SOLO ESCRIBI (PA' Q' ENTENDAS DE UNA VEZ)HUBIERAS PODIDO DECIR QUE LO ESCUCHASTE DE AQUELLA"FEMINA" Y YA. Y POR TANTO EL DICHO LE APLICABA A TU PAPA Y PUNTO, NO HAY LIO... NO TE DESCALMES!!!QUE PEREZA. MUERE AQUI EL TEMITA.
Unknown said…
"EN NINGUN MOMENTO DIJE QUE EL DICHITO ERA MIO, O QUE YO LO HABIA CREADO Y POR TANTO SE ME DEBE DE ESE MODO"

¿Cómo que no?
ANONIMO, la prueba está aqui en tus propias palabras...

NO ME ROBES LA AUTORIA DEL DICHO DE "QUE A MI MUJER YA SE, POR DONDE LE VAN A DAR" Comentario 1

"SOLO PEDIA CREDITO " Comentario 2

Y pues mis fuentes para escribir son múltiples, no tengo porque darle crédito a todas las cosas que recurrentemente me abordan la cabeza. Si no lo veo necesario.

Pedir a gritos un crédito por un dicho que dicen miles, eso si es ahogarse en un vaso de agua...
Anonymous said…
WHATEVER BABY-BOY, IT IS WHAT IS, END OF THE SUBJECT...OK.

PARA QUE TE RETRACTAS DE ESTO?
"lo que ha dejado escrito "anónimo". Y pues realmente tiene razón, toda la razón."

SERIOUSLY DON'T TRY TO BE A LAWYER, I COULD BE AN UNBEATABLE, GOOD ONE, WE ARE WHAT WE ARE, IT'S ALWAYS GOOD TO FEEL, ONCE AGAIN, THAT I'M RIGHT!!! JAJAJA. JUST KIDDING, BUT I AM, RE-READ PROPERLY.
BY NOW I DON'T REALLY CARE ABOUT THIS, I HAVE OTHER THINGS TO FOCUS ON...LIKE FORGET ABOUT THE "7 IN 1"

HAVE A GOOD ONE !!!
Unknown said…
Y pues realmente tiene razón, toda la razón.
Y lo repito... Tiene razón porque el dicho es anónimo; es decir, si un anónimo lo reclama pues ahi esta, es de él... Y eso es lo que es... Anónimo
Unknown said…
Pero keridos co-terapistas, yo planteo esta terapia como una suma de experiencias que dejen algo, que aporten asi sea una risa... Pero pues este "debate", algo insulso, no lo pienso sostener más... Anónimo, estás muy jarto... Y en este blog no podemos darnos ese lujo...
Anonymous said…
jajajaja!!!! usted si esta pintado no? jUlian.... ese dialogo fue bueno y tienes toda la razon...
cuidate y me gusto mucho tu blog!!!

Popular posts from this blog

Procuren cerrar la puerta.

Un guiño Candesiano