Con el botón de pánico a mano


Pego lo que mandaba por mail a sus amigos riverplatenses un hincha del descendido grande argentino. Porque (para mí, eh, para mí) no está  lejano de lo que estamos por vivir los seguidores fieles americanos.  Muy a propósito del cambio de técnico, ver que cada día más  estaremos transformando esta nota de junio de 2011, buscando los nombres respectivos para poder poner en cada frase los de los males (os) dentro de la Mechita corazón.

“Chicos,

No pude dormir en toda la noche. Tan sólo dormité y, en ese corto lapso, tuve pesadillas. No puedo creer lo que está pasando. Hace 15 años estábamos jugando una final del mundo contra Zidane, hoy descendimos.
No sé cómo expresar la bronca que tengo, la tristeza, el dolor. Uno tiene ciertas convicciones en la vida, algunas columnas fuertes y seguras desde donde sostener el resto de los pensamientos (no tan seguros). Una de estas columnas (de estas “verdades”) era que River por su grandeza, su historia, su camiseta, sus inferiores o su gente nunca iba a descender. No iba a Racinguizarse. Pero no, siempre hay espacio para seguir cayendo. Siempre se puede ser más chiquito. Siempre se le puede faltar más el respeto a la institución.
No es culpa de los jugadores de las inferiores, a los cuales un hincha de Boca en el partido con más presión de la historia los hizo jugar. Será que los más grandes pidieron no jugar para no quemarse? Será que es más fácil mandar al muere a un Mauro Diaz, a un Lamela, a un Cirigliano, a un Pereyra? A excepción de Lamela, ningunó jugó más de un partido como titular en todo el campeonato. Y me dan pena que tengan que pasar por eso, que los ridiculicen así. Pero también me llenan el corazón de calor: Lamela, Cirigliano y Pereyra mostraron mucha más hombría que jugadores de casí 30 años.
Me duele haberlo escuchado al gran Amadeo Carrizo pedirles a los jugadores que defiendan la historia de River. Me duele darme cuenta que tal vez el mayor ídolo vaya a morir viendo a su equipo en la B. Porque sepan que descendemos ahora, pero no vamos a volver a primera en pocos años.
Tal vez este sea el momento de refundar el club. Darse cuenta que es necesaria una visión más barrial (como Lanús o Vélez) y no una empresaria-mercenaria. Tal vez sea bueno. Tal vez no. Lo único que sé es que el sábado voy a ver a mi equipo perder la categoría. Voy a verlo no dar la talla una vez más. El dolor no tiene límite. Tendremos que hacernos fuertes entre nosotros. Resistir las burlas de todos los chacales que durante un siglo nos miraban desde sus madrigueras, escondidos y con miedo; pero que en cuanto ven al elefante flaquear (viejo y cansado), no dudan en atacar todos a la vez, y comer sus carnes aún vivas.
Les mando un abrazo, esperando que se puedan sentir un poco más acompañados.
Si este mail les pareció una exageración, les pido perdón. Es que no sé cómo expresar todo esto que me está por explotar en el pecho.
Saludos.”

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