La Ciudad de los Golpes
A propóstio de un premio a "Toda una vida" que vi que le entragaron a Carlos Mayolo, el maestro de la narración cinematográfica, el Herzog Tropical, pues voy a pecar de oportunista y aprovecho para contarles acerca de cierta investigación en la que me enfrasqué hace algún tiempo, cuando era más inquieto, menos responsable y mal acompañado.
Es sobre Cali, si, sobre Santiago de Cali, pero mas que nada es la Cali de muchas épocas, que me vió crecer y me vió hacer muchas de mis ociosidades. Pero mas que eso, es sobre dos personas que vivieron y plasmaron esas facetas de la ciudad.

Carlos Mayolo y Luis Ospina dejaron una huella ineludible para cualquier persona que conozca la historia audiovisual de la ciudad de Cali, porque hicieron cine allá, con historia de allá, pero esa huella ha sido una reacción inevitable a la estampa indeleble que la “Sultana del Valle” ha dejado en sus propias vidas. Como en la de todos los que por equis o ye hemos tenido la confluencia de tiempo y espacio y hemos transitado ó vivido allí algún tiempo.
A estos chicos los presentó una catástrofe (Oh, the humanity!). Se conocieron cuando Luis y su familia tuvieron que mudarse a casa de su abuela, luego de que parte de la ciudad y sus habitantes volara en pedazos después de la terrible explosión del 7 de agosto de 1956 (por ahí por donde eran las bodegas del ferrocarril, que luego fue cueva de mendigos e indigentes, luego fue cárcel y ahora, pues es cueva de mendigos e indigentes otra vez). Cuando unos camiones llenos de TNT estallaron sin dar aviso. Eso destruyó miles de hogares y el de Ospina fue uno de esos.
(Tiempo después Ospina confesaría que el día después de la catástrofe, el estaba incendiando el cerro de las “Tres cruces” de la mano de su nuevo secuaz, Carlitos Mayolo).
Aquel estallido cambió la ciudad, pues su reconstrucción fue una labor titánica que hizo confluir a toda Colombia alrededor de la causa. Se fueron definiendo los cursos de la ciudad hacia una nueva silueta y función dentro del país. Las diferencias con el viejo pueblo no se harían esperar, Mayolo y Ospina fueron testigos y las plasmaron en sus recuerdos (el barrio, la tienda, las calles, los colegios) y luego pasaron esas memorias a sus obras.

La ciudad les dictó muchas de sus reflexiones y los acompañó a lo largo de la construcción de muchas propuestas discursivas y estéticas. Es un espacio que reconstruimos una y otra vez con el correr de los tiempos, las eras dictan sus propios cánones y nuestra atención pareciera evitar pensar en ello. Mayolo y Ospina tal vez no, han hecho que pensemos, que se haga una parada y ver qué ciudad reconocemos en esos períodos, para evitarla o reconstruirla.
Ellos tuvieron una forma de abordar el tema de Cali, asumiendo la ciudad como a un personaje más tanto de sus obras como de sus vidas, lleno de matices, pero también hicieron que la ciudad se convirtiera en escenario y en protagonista.
Para conocerse el desastre del 7 de agosto les hizo el cuarto, pero para unir sus inquietudes en un producto audiovisual se recostaron en los Juegos Panamericanos del 71, a los dos les parecía la oportunidad en la que su ciudad volvería a cambiar de forma inevitable. El resultado fue “Oiga, vea” una crítica a dichos juegos y al supuesto de integración de los caleños.
Se confrontan entonces las estéticas, esas visiones de la ciudad transitada por la mente y por el cuerpo tantas veces y de tantas formas, que las relaciones visuales están en un constante giro, y para dar cuenta de ello se observan desde la visión y la relación audiovisual.

Las películas de Carlos Mayolo y Luis Ospina en referencia a la ciudad de Cali es un tema que tiene que ver con la relación que cada uno tiene con su propio terruño y lo que hace para sacarlo de esa parte nostálgica y reflexiva que cada uno tiene: esto, en muchas ocasiones, nos ha dejado observar qué tanto influyen el entorno y las vivencias a los autores. La mención y universalización de la provincia.
El cine constituye una parte de nuestra experiencia en la modernidad, al igual que lo es la vida urbana. La percepción del tiempo ha cambiado: sigue habiendo noche y día, pero la ciudad nunca duerme. Con frecuencia los habitantes urbanos enfrentan innumerables riesgos y turbulencias. Se mueven de prisa en un espacio urbano agitado cada vez más amenazante y a la vez vital. Esto es lo que se puede vislumbrar en los personajes y el entorno de la película de Ospina y Mayolo “Agarrando Pueblo”.
La ciudad dentro del cine tiene muchas facetas que pueden analizarse de formas diferentes. Lo que no debemos olvidar es que el lugar en el que nos encontramos es significante, tanto en el mundo real como en el cine. Así pues la ciudad dentro del cine no sólo está presente porque se necesitaba un lugar para la acción, sino que es una decisión deliberada filmar en ambientes urbanos –y como todo en una película está puesto frente a la cámara por decisión de los que hacen la obra.
Luego con la (funesta pero disfrutada por muchos) aparición del fenómeno del narcotráfico se escenifica la tercera y definitiva ruptura de la ciudad, esto da paso a que en los autores muera un amor visceral y nazca el desconocimiento: una falta de apropiación por aquel viejo objeto de deseo, que se usó hasta que sirvió, hasta que otros ojos más nuevos no le vieron la belleza. Y se vinieron a Bogotá, como nos hemos desterrado deliberadamente ya muchos y nos aterramos de tanto alcalde malo y de tano aguante de los aún siguen buscándole el lado a nuestra ciudad.
Julián González-Lema
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