La memoria del audiovisual

La memoria del audiovisual

Empecé a recordar, que es la manera como mejor empieza uno las cosas que quiere dejar atrás y las que quiere hacer de nuevo, pero de mejor manera. Entonces me encontré con una aproximación certera del porqué siempre me ha gustado la televisión y el cine, como expresiones audiovisuales, con las que me identifico y a las que les debo mucha cosa. Mas que nada cosas inútiles, pero… ¡Qué memoria! Entonces empiezo, a recordar y a contarles como es que ha sido la cosa con esta vaina que me gusta y me llena.

Arranques

Televisión en blanco y negro. Sentado frente a ese armatoste grande de 4 patas, 3 botones y dos palanquitas; transmisión en directo de la llegada del grupo “Menudo” a Bogotá, por allá por 1983. La primera imagen que me llega del mundo audiovisual que se encuentra anclado en mi cerebro, mientras trato de reconstruir un recuerdo más gratificante, que me deje mejor parado ante esta cantidad de bendecidos personajes que ante la pregunta del primer audiovisual que recuerdan lo primero que vieron fue “Citizen Kane” o cosas así... Pero no, no hay nada, sólo menudo-en-blanco-y-negro.

Recuerdo también haber visto “E.T.” en cine, cuando vivía en Palmira, pero este recuerdo no está bajo audiovisuales (aunque a todas luces lo sea) sino que lo tengo bajo en rótulo de “Escenas familiares”, así que para mí no vale como referente de educación audiovisual, ni como semilla para una futura disciplina que llamó mi atención.

Palmireña cómo te quiero

Infancia palmireña, donde los ciclistas abundan, hay servicio público tirado por caballos y se conoce la gente porque todo el mundo es primo hermano de “don tal” casado con la prima de Pascual. Allí viví el jardín infantil jugando en los recreos a que yo era Superman y tenía a mis consabidos Batman y Robin de compinches, me imagino que también fue por la televisión que conocíamos a estos superhéroes que interpretábamos todos los días a media mañana. El jardín se llamaba “Caperucita Roja”, pero no me gustaba mucho admitirlo en aquella época. De Palmira me llevaron a los 5 años, me tocó colgar la capa y el Sharp blanco y negro pasó a ser una mesa para acomodar revistas y materas pequeñas, ante la llegada de un nuevo Zenith a color que entró a dominar la casa de Cali, Los Pitufos eran innegablemente azules.

Gracias Hispanoamericano

Toda la primaria y el bachillerato lo cursé en un colegio caleño donde se formaban alumnos académicamente sobresalientes,”Colegio Hispanoamericano”, donde conocí de vista al joven William Vega: intérprete del célebre “Don Quijote” que el colegio presentaba cada día del idioma o de la raza. Aunque mis grandes amigos fueron durante muchos años Mañé, Orson y otros alias que no eran tan miedosos.

Fascinado por el fútbol, no demoré mucho en ilusionarme con esa profesión alejada de las aulas pero al primer “Test de Cooper” se desvanecieron esos sueños, correr todos los días sin parar para poder llegar a jugar con buen físico no me pareció muy llamativo; aún en noches de parranda con esas viejas amistades recuerdo algunos goles como si hubieran sido importantes y debieran pasarlos en “Fútbol para todos” de Fox Sports.

Del show de jugar pasé a interesarme por show de transmitir pues veía yo una imagen a seguir en Hernán Peláez, en Vélez, en Hernández Bonnet y desde 8 grado hasta que me gradué pensé llegar a ser un gran presentador de deportes, viajar por el mundo informando sobre el acontecer de la Selección Colombia, los triunfos del América y cualquier “picao” que hubiera sobre la tierra. Y fui a dar a la del Valle a Comunicación Social, gracias al buen ICFES que saqué, más por la reiterada propaganda que de este examen hacían todo el tiempo en el recordado Hispano que por el interés en un gran resultado, sólo quería sacar más que mi hermana mayor… y pues así fue. Mis gustos televisivos eran tímidos, nada profundo: puro fútbol (es increíble la cantidad de datos futbolísticos que recuerdo), “Profesión Peligro”, Los magníficos, Mc Gyver; y en el cine Patrick Swayze, Van Damme en lo que salieran de acción; ó algo en lo que saliera alguna Kim Bassinger ligera de ropas. Muy raro, una vez vi “Danza con lobos” y me pareció excelente.

Univalle… Parte I

Llegué a la Universidad con las más serias intenciones de relevar generacionalmente al “Profe” Carlos Antonio en la presentación de deportes de RCN, la televisión nacional, que me vieran todos hablando de marcadores y pronósticos de partidos, pero todo empezó a marchar en otras direcciones. Empecé a notar que por allí no era la cosa. (Relevar al “Profe” es un demonio que tengo controlado pero que en algún momento se puede salir). Empecé a ver cosas diferentes, Oliver Stone, Tarantino, Scorsese, Fassbinder, Herzog, Welles y a estudiar con gente muy diferente a la del Hispano, aunque me gradué en el mismo salón de Carolina Navas que empezó conmigo, para mi la comunicación era el periodismo y lo que se hacía en la televisión. En la del Valle vi que era más complicado el asunto, y entre hermenéuticas y semióticas el “Profe” seguía con su puesto y yo medio aburrido... Me quise ir de allí, lo mío era el espectáculo, las multitudes, los aplausos.

Arte... Dramático.

Me la jugué entonces, la tv me llamaba de alguna forma, me dieron juveniles arranques que me dictaron que el camino era la actuación... me presenté de nuevo en la Universidad, esta vez en “Arte Dramático”, allí volví a ver al joven William Vega, después del Quijote. Yo pasé, creo que estuve demasiado histriónico, me sentí contento, estaba decidido, adiós Walter Benjamín, adiós Patricia Villegas, adiós profesores homónimos, permisito que voy a ser actor. Pero la Universidad tuvo un paro, seis meses sin hacer nada, sólo hamburguesitas en Mc Donald´s, un trabajito que me daba para pensarme diferente a un Comunicador (de la del Valle) y yo ya iba por 4 semestre de Periodismo, así que me patrasié: nada de actor. Primer intento de volver al 3548, plan de Comunicación Social.

Univalle… Parte II (Me encanta... Mc Donald’s)

Le hice guiños a Comunicación otra vez, pero yo estaba montado en la película de ser gerente, o algo así, de una empresa. Mc Donald´s tenía la tendencia a ascender la gente más capacitada y yo estaba ahí, con mi perfil de ingeniero, egresado del Hispano buscando una carrera empresarial, y pues nada de audiovisuales para mí en esa época. Llamaba la atención en reuniones con ocurrencias y chistecitos pero pensé que entonces ese iba a ser mi público, mis aplausos, mi show. Pero las empresas tienen formas de actuar muy arbitrarias y eso me aburrió, me salí de Mc Donald´s pero durante el semestre ya había trasnochado mucho, vi poco de las clases y pues... nada de trabajos admirables, me iba mal en la U, creo que no tenía aún visiones de lo que quería hacer.

No music, no life.

Del escenario de las comidas rápidas pasé al mundo de los libros, la música, las películas. Aún estando en la Universidad pero con un rendimiento muy precario, en el año 99 entré a trabajar en Tower Records, ahí encontré las dos partes de la moneda, un lugar en empresa y una forma de dejar salir lo que siempre me había gustado: el espectáculo, el público, los aplausos. En Tower se programaban conciertos, se vendían libros, videos, películas, cd´s. Era la meca de los productos artísticos y de entretenimiento por excelencia y recién llegado a Cali, lo era aún más. Con tanto que leer, ver y escuchar, se me atinó un poco la mente, ganaba buen dinero pero empezó la creatividad a fluir. Fundé, junto con otros personajes, un folleto de circulación mensual que se entregaba a los clientes, se llamaba “Tower a tono” mucho antes de que la Tono se diera golpes en el pecho con el eslogan nuestro. De ahí quedaron unas buenas fotos y unas buenas amistades.

Entre tantas cosas a mi se me salió la Universidad, tantas responsabilidades comerciales y mini-editoriales me cortaron las ganas de volver al 383 (edificio de Comunicación en la U), así que reincidí, volví a separarme de Comunicación pero gracias al folletín di con la presencia de un amigo que compartía conmigo algunas inquietudes audiovisuales... Wachowski Brothers, David Fincher, Guy Ritchie... Empezamos a idear un espacio para televisión que se llamaba “Apartamento 212”, era una especie de sitcom criolla, especialmente influenciada por los productos que yo veía mucho: Seinfeld, Mad about you, Saturady Night Live, Everybody loves Raimond, That 70´s show. Le dimos mucho lápiz a eso pero ninguno de los dos se animó a seguir. Ávido de reconstruir personajes que me daban vuelta en la cabeza y que como juego empecé a buscar.

Univalle… Parte III

Cuando volví a las (j)aulas pensaba dentro de mí que a la tercera iba la vencida, que ya muchas vueltas había dado, que había que aprender a convivir con tanto demonio interior y ponerlos a funcionar para mi... entonces pasé un semestre de juicio, estudiando el ambiente de nuevo, aprendiendo cosas y conociendo amigos. Fue ahí que William Vega ya no era Don Quijote ó un conocido de vista sino que estaba haciendo un corto que se llama “Amnesia”, junto con varias personas del semestre y otras de afuera, entre ellas se encontraba Luis Henao -los mencionados, a la postre serían una gran influencia audiovisual y biográfica para mí- yo ahí no participé (salgo en los créditos de agradecimiento vaya usted a saber porqué) pero quedé gratamente sorprendido por el resultado de ese trabajo. Así que me dediqué a cultivar una especie de amistad y de esperanza, para aprender a desarrollar las ideas por el medio audiovisual.

Ya las charlas de amigos en cafetería nos darían la oportunidad de conocer la sintonía y los temas en común que quisiéramos manejar. Y tu mamá también...

Comments

catalba said…
Ay hombre Julián Felipe, buen post, dos detalles, el jardín Caperucita Roja y el slogan robado por la Tono. Pa risas oiga!
Unknown said…
Es cierto!!! NO es para que se rían!!! jejeje. Bueno, seguiré intentando zafarme de tanta vaina que me ha corroido los recuerdos.

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