Mi papá cumpliendo años.


Buscaba tema pa´l blog, mis queridos muchachos, mis queridos colectivos, mis queridos… mis queridos. Cuando recordé a tiempo, a Dios gracias, que mi padre anda en su onomástico.

Y bueno, les cuento que está llegando a 66 cortos añitos de buen trayecto por estos suelos aventureros. Y pues sus méritos son muchos, y sus virtudes no menos, hoy de defecticos… mejor no hablemos; mejor dediquémonos a desgranar alguna anécdota inofensiva de mi viejo querido.

No tuvo un solo hijo; o sea, no soy yo el único que ha recibido sus genes; tengo dos hermanas. Nosotros como hijos suyos lo alegramos y le hemos traído líos (aunque ya imaginarán de donde han venido la mayoría de los líos), gracias a la unión de Jaime A, con Laura I somos tres. Ellas se llaman Jimena y Ángela (que quede para el récord que Angelita cumplió años ayer) pero hoy el homenajeado es Ademir.


Si lograron notar, Jaime A se traduce completo en Jaime Ademir, nombre completo de mi padre amado, que entraremos a comentar ahora, tema central de la anécdota a relatar.

Ademir es un nombre de lusitana proveniencia, ostentado por un futbolista brasilero de la época del "Maracanazo, cuando todo Colombia era hincha o de Brasil (la mayoría) o de Argentina (los wannabes) porque la selección nuestra no sabía que eran dos pases. Entonces mi abuelo Emiliano, hincha de Brasil, escogió Ademir para que en la cédula de mi papá no apareciera sólo Jaime. 

Y pues podrán imaginarse los innumerables congojas que este nombre ha traído a la vida de mi padre. Imagínense lo atribulado que Ademirsisto se sentía en un recreo de colegio masculino porque el bullying, damas y caballeros de la posmodernidad, siempre ha existido, antes le decíamos montadera o coger de bate a alguien… Pero pues no, al parecer don Jaime en su infancia nunca se sintió mal, pues logró pasar desapercibido, dado que sus dos mejores amigos se llamaban peor que él: el uno llamaba Fánor (le decían Fanores, y el firmaba –póngamele pues cuidado- Phanor); y el otro, pues no se podía quedar atrás, llamaba Plutarco ¡hágame el bendito favor!

Andaban para arriba y para abajo estos tres “gatos”, como les llamaban (yo también hubiera preferido que me dijeran “Gato”, en lugar de Fanor, Plutarco ó Ademir) por allá en el barrio La Colombina, de Palmira City; de dónde es Jaime A, y de donde somos mis hermanas y yo (porque Laura Inés proviene, gracias a su arriero padre, mi arriero abuelo, de Restrepo, Valle).


Ademir y los otros dos gatos hicieron y deshicieron en Palmira: cortejos innumerables con varias de las damas de la zona, tropeles en la taberna “El Balcón”, domingos de azote de baldosa “El Gobernador”, un delicioso balneario que quedaba en las afueras de la villa de las palmes, más exactamente en el caserío de Agua Clara.
Y bueno, de la juventud, pues andamos lejos…

Ahora mi papá, peliblanco cómo el solo, debe andar trabajando, pero con la jubilación a tiro de As. Entonces, recordando aspectos de su larga historia, quisiera felicitarlo, como se merece, acompañarlo en su día, como corresponde; y hacerle la venia, como me nace.

Señor Ademir, ¡Feliz Cumpleaños, que Dios te siga bendiciendo hoy y siempre!

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