Un guiño Candesiano
Hay quienes dicen que aquello que el ser humano escribe es la huella digital de lo que tiene en el cerebro. Y pues yo, a veces escribo, si... y escribo sobre muchas cosas, ya veremos, pero sobretodo sobre una cosa, "mi cosa" es el amor.
Pero no se escribir del "amor" de los poetas, no el eterno ni el bueno, no el que dicen que sintió Jesús por todos (que se hizo matar y todo), ni el de mi papá por mi (que toca imaginárselo, pero es bacano)... No, no es sobre ese.
Es sobre el patético que todos hemos albergado, el que uno cree que cuando se va no vuelve, el que se arrincona contra el pecho y no lo deja a uno volver a ser el mismo, porque uno cree que es inmortal, inexplicable, ineludible, indescriptible. Y otro poco de negaciones. Entonces, ahí empiezo a revelar un poco, cómo es y qué hay dentro de mi masa gris.
Por eso escribo ahora sobre ese supuesto "amor" que yo he vivido (y sufrido, no nos digamos pues mentiras tampoco); revolviendo el cerebro, sobretodo cuando lo coge a uno la tarde del sábado o peor la del domingo, pensando en lo mismo, en la otra persona una y otra vez: inventando soluciones (que si hago eso, pasará esto; que si digo esto me responderá aquello); recordando eventos -porque es que ya pasó, pero se acabó-; asumiendo roles (un día el mejor amigo, otro día el hermano consejero - a ver si por algún lado, le dan el lado), creando espacios que permitan que ese amor, exista al menos aquí, en lo que escribo; que es lo que pienso y siento.
Pero pues para mi esto ya es como una terapia colectiva, porque resulta que comparto esta manía, con gente que conozco, de muy diversas actividades pa´ganarse la vida, de muy diferentes edades, de ambos sexos y, eso si, muy buenas personas, pero que (!qué podemos hacer!) comparten conmigo esta vaina de andar pensando, más de la cuenta, en alguien que tiene unas cualidades que sólo las ve uno... Pero bueno, toca asumirlo, a cada uno le llega su "Personal Jesus" como bien decía en los 80´s Depeche Mode.
Pero es que, a lo bien, hay una cantidad de eventos que hacen pensar que el "loco" no es uno sólo, que lo que uno siente lo siente la otra persona; porque te da señales (o ¿uno ve señales?), porque asume posiciones que te permiten deducir (o ¿no te permiten deducir?) que está tirando para tu mismo lado: mensajes de texto a deshoras, llamadas perdidas insistentes, sorpresas no dadas, confesiones a destiempo.
Y pues queda entonces uno jodido pero embalado, porque si esas pocas señales fueron enviadas en serio, con sentimientos reales y veraces, al interpretarlas, cualquiera podría deducir qué clase de persona es esa otra persona, qué tan auténtica es, qué tan seria es, qué es lo que quiere, qué es lo que no quiere, qué es lo que cree que quiere, cuáles son sus sentimientos, cuales son sus pensamientos, que tanto sabe y que tanto le falta por aprender, y por supuesto, se podría deducir quién es uno para esa otra persona.
Pero como uno (que le da más vueltas a la cosa, porque aparentemente es el único que las piensa) probablemente lo que necesitaría la otra persona es quedarse sola, con su interior, que al final sólo habla (por lo menos el interior mío lo hace así, y me está dictando esto) cuando tiene que hablar, pero sobretodo, cuando no se le interrumpe con juegos inanimados, con personas falsificadas, y se le deja hablar; para que arregle y/o termine de revolver la tramoya de pensamientos ambivalentes que pasan por la cabeza, y que rondan el corazón. Pero no el de uno, porque uno está tan grave, que la tiene "clara"; sino el de la otra persona, que es la embollada o qué le hace creer a uno ese "embolle".
Todos cometemos errores, en mayor o menor proporción, porque sí, a veces, le damos una que otra patadita a la lonchera, sin querer, o queriendo que es peor. Créanme que yo sé cuáles han sido los míos y qué tan pueriles han sido mis actitudes que me han llevado a cambiar de vida, de peluquiado, de manías, de amigos, de sueños; y llevándome por delante una cantidad de personas, sobretodo chiquillas que me quisieron mucho, que lucieron sus mejores lados y que sólo quisieron lo mejor para mí.
Por eso espero (y eso que he adquirido una sabiduría que me ha enseñado que “el que espera desespera”) que la otra persona sepa cuáles fueron los suyos porque no han sido pocos, no han sido fortuitos y no han sido fáciles de entender aunque soy consciente de que los errores no son más que errores, y si se piensa mucho en ellos simplemente no se puede vivir.
De cualquier forma, algunas veces vale la pena cometerlos si la intención hacia el futuro es evitarlos, para darle un mejor rumbo a la vida, que a la final es el sentido, ¿no?; y aún cuando mi equivocación con la otra persona aborda innumerables campos, es inminente que ví en esa otra persona algo que ni siquiera ella ha visto... Y más todavía (y por eso la terapia) lo sigo viendo. Eso creo y eso, tal vez (aunque lo he dicho tantas veces y nada) dejaré de creer.
Algunas veces he pensado que, ojalá la otra persona sea una vez tan específica, tan clara conmigo y me pueda decir de una buena vez: "Usted es una gran persona que merece alguien mas. Yo no soy esa persona". Porque supongo que a veces es necesario decir y escuchar decir ese tipo de cosas, porque es algo que lo pondría a uno en su sitio, sin amagues sin "interpretaderas".
Para mí, y creo que no me equivoco si digo que para mucha gente, es un complejo enigma tratar de descifrar por qué otra persona que ya te ha permitido asumir que no te valora, sin decirlo, quiere andar sabiendo cómo estás.
Al parecer la otra persona ha dicho todo y, en uno, no hay tiempo para más errores; por eso, a uno le desploma (aunque después de mucho), darse cuenta de que con la otra persona, menos, es más. Pero qué vas a hacer.
No es una cuestión de esas infantiles como: "no volver a hablar", ni de "alejarse", ni identificar culpables; pero siempre es bueno ser consecuente y responsable con lo que se dice y se hace.
Y a veces uno no quiere más errores pero… ¿y la otra persona?
Bueno, no se... He decidido no saber nada de la otra persona: porque no quiero, porque no hace falta, porque uno queda piedro. Y entonces, en últimas, uno se abre y ya, antes de pasar del anonimato al desprestigio. Y se queda en su sitio, para empezar a escribir una terapia colectiva que expulse lo que sobra.
Aquí seguiré con la idea que empecé a darle a esta vaina... "lo que el ser humano escribe es la huella digital de lo que tiene en el cerebro". Y el mío está dando vuelticas, ya veremos...
Comments
En esta terapia colectavia, yo... me opongo!. No más incesantes monólogos que nos quitan el poder mágico de ver la vida que corre frente a nosotros. Aceptémoslo! el presente es el resultado de una cadena de acciones...nuestras.